Cómo hacer mejores preguntas y tener conversaciones más profundas
Muchas conversaciones se quedan en la superficie no porque las personas no tengan nada interesante que contar, sino porque las preguntas que hacemos dejan muy poco espacio para descubrirlo.
“¿Todo bien?”
“Sí.”
“¿Cómo estuvo el trabajo?”
“Bien.”
“¿Qué hiciste hoy?”
“Lo mismo de siempre.”
No hay nada malo en estas preguntas. Son útiles para iniciar una conversación. El problema aparece cuando nunca pasamos de ellas.
Aprender a preguntar mejor puede ayudarte a conocer realmente a las personas, descubrir perspectivas que nunca habías considerado y convertir conversaciones aparentemente normales en intercambios mucho más interesantes.
1. Haz preguntas que permitan desarrollar una respuesta
Las preguntas que pueden responderse con “sí” o “no” suelen proporcionar poca información.
Por ejemplo:
“¿Te gusta tu trabajo?”
puede terminar rápidamente en:
“Sí.”
En cambio:
“¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?”
invita a desarrollar una idea.
No significa que todas tus preguntas tengan que ser abiertas. Las preguntas cerradas también son útiles.
Pero cuando quieras profundizar, intenta utilizar preguntas que permitan explicar, recordar, comparar o reflexionar.
2. Pregunta por el “por qué” detrás de una respuesta
Muchas veces encontramos algo interesante y lo dejamos pasar.
—Quiero vivir en otro país algún día.
—Qué bien.
Y cambiamos de tema.
Pero ahí probablemente había una conversación mucho más interesante.
Podrías preguntar:
“¿Qué te atrae de vivir fuera?”
Quizá descubras que la persona quiere conocer otras culturas.
O que siente que necesita empezar de nuevo.
O que siempre soñó con determinado lugar.
O que busca mejores oportunidades profesionales.
Una sola respuesta puede contener muchas puertas. Las buenas conversaciones aparecen cuando decides abrir alguna.
3. Pregunta por experiencias, no solamente por opiniones
Puedes preguntar:
“¿Crees que emprender es difícil?”
Pero también:
“¿Cuál ha sido la parte más difícil de emprender para ti?”
La segunda pregunta lleva a una experiencia concreta.
Las experiencias suelen producir respuestas más personales y detalladas porque permiten hablar de situaciones que realmente ocurrieron.
Puedes utilizar preguntas como:
“¿Cuándo te diste cuenta de eso?”
“¿Alguna vez te ocurrió algo que te hiciera pensar así?”
“¿Cómo aprendiste eso?”
Estas preguntas ayudan a pasar de ideas generales a historias reales.
4. Utiliza algo que la persona acaba de decir
No necesitas tener preparada una lista de preguntas interesantes.
La propia conversación te proporciona material.
Si alguien dice:
—Últimamente estoy intentando utilizar menos el teléfono.
Puedes preguntar:
“¿Qué hizo que quisieras reducirlo?”
Si responde:
—Sentía que estaba perdiendo demasiado tiempo.
Ya tienes otra posibilidad:
“¿En qué te gustaría utilizar ese tiempo?”
Las mejores preguntas muchas veces no aparecen porque seas especialmente creativo.
Aparecen porque estabas prestando atención.
5. Pregunta cómo cambió su opinión
Una pregunta especialmente interesante es:
“¿Siempre pensaste así?”
Cuando la respuesta es no, puedes continuar:
“¿Qué te hizo cambiar de opinión?”
Eso puede revelar experiencias, errores, personas o información que transformaron la manera en que alguien ve un tema.
Además, suele producir conversaciones con más matices que simplemente preguntar qué piensa actualmente.
No solamente descubres su conclusión.
Descubres cómo llegó hasta ella.
6. Pregunta por decisiones
Las decisiones revelan prioridades.
Si alguien te cuenta que dejó un trabajo, se mudó, comenzó un proyecto o abandonó algo importante, puedes preguntar:
“¿Qué terminó haciendo que tomaras la decisión?”
No necesariamente:
“¿Por qué hiciste eso?”
Dependiendo del tono, un “por qué” puede sentirse como si estuvieras pidiendo que la persona justifique su comportamiento.
Preguntar qué factores influyeron puede sentirse más abierto y menos acusatorio.
7. No conviertas cada respuesta en otra pregunta
Existe un peligro al intentar tener conversaciones profundas: terminar comportándote como entrevistador.
—¿Qué quieres hacer?
—Viajar.
—¿A dónde?
—Japón.
—¿Por qué?
—Me interesa la cultura.
—¿Desde cuándo?
—Desde pequeño.
Pregunta tras pregunta tras pregunta.
Una conversación necesita intercambio.
Puedes compartir algo relacionado:
—Siempre he tenido curiosidad por Japón también. Me llama mucho la atención cómo puede cambiar la experiencia entre Tokio y ciudades mucho más pequeñas. ¿Qué parte te gustaría conocer?
Ahora estás participando, no solamente recopilando información.
8. Aprende a utilizar preguntas de seguimiento
Una buena pregunta de seguimiento demuestra que realmente escuchaste.
Imagina que alguien te dice:
—El año pasado fue bastante complicado para mí.
Puedes cambiar de tema.
O preguntar:
“¿Qué fue lo que lo hizo tan complicado?”
Si la persona quiere hablar sobre ello, probablemente desarrollará la respuesta.
Si responde brevemente o cambia de tema, puedes respetarlo.
Las preguntas profundas funcionan mejor cuando son invitaciones, no exigencias.
9. No tengas miedo de preguntar algo que parece obvio
A veces alguien utiliza una palabra cuyo significado parece evidente:
“Quiero tener éxito.”
Pero “éxito” puede significar cosas completamente diferentes para cada persona.
Puedes preguntar:
“¿Qué significaría para ti tener éxito?”
Quizá responda dinero.
Libertad.
Familia.
Reconocimiento.
Tiempo.
Crear algo propio.
La palabra era sencilla.
La respuesta puede no serlo.
Preguntar qué significa realmente algo para una persona puede revelar mucho más que asumir que ambos utilizan la palabra de la misma manera.
10. Pregunta por el futuro de forma concreta
“¿Dónde te ves en cinco años?” puede sentirse demasiado amplio o incluso parecido a una entrevista laboral.
Puedes hacer preguntas más naturales:
“Si pudieras cambiar una cosa de tu vida durante este año, ¿cuál sería?”
“¿Qué te gustaría aprender próximamente?”
“¿Hay algo que lleves tiempo queriendo hacer y todavía no hayas empezado?”
Estas preguntas pueden revelar objetivos y deseos sin convertir la conversación en un cuestionario existencial.
11. También puedes preguntar por cosas pequeñas
Una conversación profunda no necesita tratar sobre traumas, grandes sueños o el sentido de la vida.
Puedes preguntar:
“¿Qué pequeña cosa te mejora muchísimo el día?”
“¿Qué has descubierto últimamente que te sorprendió?”
“¿Qué habilidad aparentemente inútil te gustaría tener?”
“¿Qué cosa has cambiado de opinión recientemente?”
Preguntas aparentemente pequeñas pueden revelar personalidad, preferencias y formas de pensar.
Profundidad no significa necesariamente seriedad.
12. Respeta cuando alguien no quiere profundizar
Una buena pregunta no obliga a una buena respuesta.
Quizá preguntas:
“¿Cómo te sentiste cuando ocurrió?”
Y la persona responde:
“Prefiero no hablar de eso.”
Ahí termina esa dirección de la conversación.
No necesitas preguntar:
“¿Pero por qué?”
La confianza también se construye cuando alguien descubre que puede decidir cuánto quiere compartir contigo.
Una conversación profunda requiere apertura de ambas partes, no presión de una sobre la otra.
Las mejores preguntas nacen de escuchar
Puedes memorizar cien preguntas interesantes y seguir teniendo conversaciones mediocres si solamente estás esperando tu turno para utilizarlas.
En cambio, alguien puede conocer muy pocas “técnicas” y tener conversaciones extraordinarias simplemente porque presta atención.
Escucha una palabra interesante.
Pregunta por ella.
Detecta una historia sin terminar.
Pregunta qué ocurrió después.
Escucha una opinión.
Pregunta qué experiencia la formó.
Observa algo que no entiendes.
Pregunta en lugar de asumir.
Muchas veces no necesitas encontrar una pregunta brillante.
Solo necesitas demostrar suficiente curiosidad como para decir:
“Cuéntame más sobre eso.”
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