9 formas de comunicar una idea para que sea más fácil de entender
Tener una buena idea no garantiza que los demás vayan a entenderla. Puedes conocer perfectamente un tema y, aun así, explicarlo de una manera confusa, demasiado extensa o llena de información que la otra persona todavía no necesita.
Comunicar bien no consiste simplemente en saber mucho. También implica organizar aquello que sabes para que otra persona pueda seguirlo con el menor esfuerzo posible.
Estas son algunas formas de conseguirlo.
1. Empieza por la idea principal
Uno de los errores más comunes consiste en explicar todo el contexto antes de revelar qué quieres decir.
Imagina que propones cambiar una herramienta que utiliza tu equipo.
Podrías comenzar explicando todos los problemas que has encontrado durante los últimos meses.
O podrías decir:
“Creo que deberíamos cambiar esta herramienta porque nos está haciendo perder demasiado tiempo.”
Ahora la otra persona conoce tu conclusión.
Todo lo que expliques después tendrá un contexto.
Cuando alguien sabe hacia dónde va una explicación, resulta mucho más fácil organizar mentalmente la información que recibe.
2. Explica una idea antes de introducir la siguiente
Cuando conoces mucho sobre un tema, varias ideas pueden parecerte inseparables.
Para alguien que está aprendiendo, no necesariamente lo son.
Si introduces cinco conceptos nuevos dentro de la misma explicación, la persona tiene que intentar comprenderlos todos mientras descubre además cómo se relacionan.
Es mejor construir por capas.
Primero:
A.
Cuando A esté claro:
A permite entender B.
Después:
B nos lleva a C.
Una explicación sencilla no necesariamente contiene menos conocimiento.
Muchas veces simplemente lo presenta en un orden mejor.
3. Utiliza ejemplos concretos
Supongamos que alguien te dice:
“El coste de oportunidad representa aquello a lo que renuncias al elegir una alternativa.”
La definición puede ser correcta, pero quizá todavía resulte abstracta.
Ahora añade:
“Tienes dos horas libres. Puedes utilizarlas para trabajar o para salir con tus amigos. Si decides trabajar, una parte del coste de esa decisión es haber renunciado a utilizar esas dos horas con tus amigos.”
De repente, el concepto resulta mucho más fácil de visualizar.
Cuando una explicación se vuelva demasiado abstracta, pregúntate:
¿Cómo se vería esto en una situación real?
4. Compara lo nuevo con algo que la persona ya conoce
Las analogías pueden servir como puentes entre conocimientos.
Si quieres explicar un concepto nuevo, busca algo familiar que comparta una estructura parecida.
Por ejemplo, puedes explicar el interés compuesto comparándolo con una bola de nieve que aumenta de tamaño mientras avanza: el crecimiento nuevo se añade sobre aquello que ya había crecido.
La comparación no tiene que ser perfecta.
De hecho, conviene aclarar dónde deja de funcionar una analogía cuando pueda generar confusión.
Su función es proporcionar un punto de partida.
5. Elimina información que no sea necesaria todavía
Cuando sabes mucho sobre algo, puede resultar difícil decidir qué dejar fuera.
Quieres mencionar excepciones.
Detalles técnicos.
Historia.
Casos especiales.
Problemas avanzados.
Pero cada dato adicional aumenta la cantidad de información que la otra persona debe procesar.
Antes de incluir algo, pregúntate:
“¿Necesita saber esto para entender la idea principal?”
Si la respuesta es no, probablemente puedas dejarlo para después.
Simplificar no significa necesariamente ser superficial.
Significa priorizar.
6. Utiliza palabras sencillas cuando sean suficientes
Existe una diferencia entre precisión y complejidad.
Algunos temas necesitan vocabulario especializado.
Pero utilizar una palabra complicada cuando existe otra más sencilla que comunica exactamente lo mismo no mejora necesariamente una explicación.
Por ejemplo:
“Necesitamos determinar la viabilidad de la implementación.”
puede convertirse en:
“Necesitamos comprobar si realmente podemos hacerlo.”
La segunda versión no hace que la idea sea menos inteligente.
Simplemente reduce el esfuerzo necesario para entenderla.
7. Comprueba lo que la otra persona entendió
Preguntar:
“¿Entendiste?”
no siempre funciona.
Muchas personas responderán que sí aunque todavía tengan dudas.
Una alternativa mejor consiste en continuar la conversación de manera que puedas comprobar qué interpretación construyó la persona.
Puedes preguntar:
“¿Cómo lo aplicarías en este caso?”
o:
“¿Qué crees que ocurriría si cambiamos esta parte?”
Su respuesta puede mostrarte inmediatamente qué quedó claro y qué necesita otra explicación.
Esto es especialmente útil cuando estás enseñando algo.
8. Cambia la explicación si no funciona
Repetir exactamente las mismas palabras más lentamente no siempre ayuda.
Si alguien no entendió una explicación, prueba otra ruta.
Utiliza un ejemplo diferente.
Haz un dibujo.
Compara el concepto con algo conocido.
Divide la idea en partes más pequeñas.
Cambia las palabras.
Una señal de que realmente dominas un tema es poder explicarlo de varias maneras.
Si solamente puedes repetir una definición memorizada, quizá tú mismo todavía no hayas construido una comprensión suficientemente profunda.
9. Termina resumiendo lo esencial
Después de una explicación larga, la persona puede haber entendido cada parte y aun así no saber cuál era la más importante.
Termina recuperando la idea central.
Por ejemplo:
“En resumen: no necesitamos recordar todas estas fórmulas ahora. Lo importante es entender que cuando aumenta X, normalmente disminuye Y.”
Eso ayuda a separar el conocimiento esencial de los detalles secundarios.
También aumenta las posibilidades de que la persona recuerde posteriormente aquello que realmente querías transmitir.
Explicar bien requiere pensar en la otra persona
Cuando una explicación falla, nuestra primera reacción puede ser:
“Pero si está clarísimo.”
Claro para ti.
Tú ya conoces el contexto.
Conoces las palabras.
Sabes qué detalles son importantes.
Puedes anticipar hacia dónde va la explicación.
La otra persona no tiene necesariamente ninguna de esas ventajas.
Por eso comunicar bien requiere algo más que trasladar información desde tu cabeza.
Necesitas preguntarte:
¿Qué sabe esta persona ahora?
¿Qué necesita saber después?
¿En qué orden debería descubrirlo?
Cuando empiezas a pensar de esa manera, explicar algo deja de consistir en demostrar cuánto sabes y empieza a consistir en conseguir que otra persona también pueda entenderlo.
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